Categoría: Pensamientos de Hoy y Mañana

  • En peores plazas hemos toreao

    En peores plazas hemos toreao

    Qué época para el asombro, no me digan que no. Nadie de por acá se va a morir de una gangrena, pero más de uno tampoco pasará un psicotécnico porque cada día descubrimos nuevas maneras de enfermar nuestra mente, de generarnos ansiedad o rabia, de colgarnos con desesperación del algoritmo, de disparar nuestra economía de la atención hacia contenidos pasatistas que generan dependencia. ¿Cómo será el mundo de acá en más? No lo podemos imaginar, porque nunca fue igual.

    Estamos ante crisis existenciales y de las otras.

    Sin embargo, tiene que haber habido algún otro momento así de desconcertante, si miramos para atrás. 

    • En 1492 llegan unas tres embarcaciones a América. Los viajeros se encuentran con otros seres con diferente estatura / complexión / color de piel y de ahí para arriba, todo lo otro: lenguaje, cultura, concepción del mundo. ¿Somos todos igual de humanos? ¿Tenemos todos un alma con el mismo tipo y factor? La pregunta del momento genera intensos debates allá en el Imperio, dentro de la Iglesia y entre los pobladores conquistados que tiempo atrás vivían en paz y hoy sufren la invasión (imagino que si descubriéramos vida extraterrestre contante y sonante, nos sentiríamos también bastante aterrados por la existencia de ese otro tan temido). Quinientos años y monedas nos está lleando el aprendizaje de amalgamarnos y entendernos como iguales.
    • Poco después, Gutemberg encuentra la manera de liberar la copia de manuscritos y compartir textos como nunca antes: ahora tenemos imprenta y los hombres y mujeres comienzan a leer, a escribir, a enterarse de todo lo viejo y lo nuevo que sucede en su pueblo y más allá de los siete mares. Libros y   Universidades van de la mano, y el saber se expande, nos interpela. Lo considerado verdadero y lo acusado de falso se exponen ante los ojos del lector con la misma liberalidad. Nos fabricamos nuevas preguntas e imprimimos nuevas respuestas, ad infinitum.
    • Se va demorando el Apocalipsis, pero por mucho. Dios no aparece, no baja a la Tierra, la creencia -masiva- en la Eternidad se cuestiona, la fe languidece, la religión es un aspecto más de todos los temas inquietantes que pueblan el espíritu y la mente de los nuevos hombres instruidos. La ciencia invoca como logros propios los nuevos factores que mejoran la calidad de vida. ¿Cómo vivir en un mundo más racional y en crisis con la fe? La vida encuentra nuevas reconfiguraciones de sentido, más personales, para que el individuo elija y arme su propia concepción del mundo material y espiritual.
    • Me salto unos años y voy directo a la crueldad generalizada: la bomba atómica nos hace conscientes de que hoy o mañana media humanidad puede colapsar frente a las pantallas de los televisores de la otra mitad, o volar por los aires todos -pero todos- juntos, a lo mejor. El Apocalipsis parece más inminente ahora porque sería invocado mediante un teléfono rojo en cualquier momento. Y luego ya no existe siquiera el teléfono rojo: es de temer la velocidad de nuestra carrera armamentista porque se transforma en una amenaza entrópica en la que por ahora conseguimos un equilibrio inestable a punta de diplomacia y negociaciones non sanctas, como ha venido sucediendo desde que el primer homo erectus le lanzó una piedra a otro en la cabeza.
    • Las mujeres controlan su planificación familiar y los efectos de su actividad sexual desde que la pastilla anticonceptiva se masifica en Occidente. La igualdad de los géneros, en algunos sentidos al menos, comienza a vislumbrarse. Las mujeres ahora estudian, se educan, trabajan, reclaman derechos que hasta ayer se cuestionaban y hoy nos parecen rarísimos de seguir cuestionando. ¿Cómo se ubican los hombres ante tanto cambio social esperable y previsible? Bueno, en algunos casos, todavía cuesta saberlo; la sociedad continúa buscando nuevas formas de componer una familia, una pareja, una comunidad.
    • El desarrollo de Internet nos devuelve la ilusión de la cercanía, de la experiencia del ser virtual y asincrónico y de poder compartirlo todo en un escenario más cercano para después dejarnos más solos que al principio y más aislados, sensibles y asociales. Todo junto y por el mismo precio. Así y todo, logramos comunicarnos con cualquiera en el Más Acá.
    • La Pandemia nos recuerda que somos seres biológicos que vivimos en comunidad y que podemos contagiarnos de alguna cosa y morirnos como moscas, que es lo que más tememos cada vez que se nos presenta una peste desde hace 300 mil años a esta parte. No obstante, acá estamos, siendo el espermatozoide más rápido desde el inicio de los tiempos y teniendo la oportunidad de pasar la posta, todavía. Un éxito del ciento por ciento.

    Entonces, ¿por qué nos pensamos ahora, ahora mismísimo, en el momento más crítico de la humanidad? 

    Porque nos situamos en nuestro propio cambio inminente y no sabemos qué consecuencias sobrevendrán a este avance de la ciencia y la tecnología que nos deja regulando por detrás. 

    Es decir, porque nos pensamos en el eterno tiempo presente de nuestra era y no podemos imaginar el futuro a mediano plazo. 

    Otro desafío que se nos avecina. Y también, otra oportunidad. No es la primera ni la última. Misterioso mundito el nuestro, sí, pero no es tan aterrador. No todavía.

    En peores plazas hemos toreao.

  • Algoritmos, Mon Amour

    Algoritmos, Mon Amour

    En estos días caí en la cuenta de la catarata de contenido digital que acarreo conmigo: está disponible como efecto residual de todo lo que anda suelto por la pantallita de mi celular, y desde allí se me adhiere a la vida cotidiana.

    Del bunker de algoritmos en el que me inscribo me viene quedando una ensalada diaria de noticias de política (siempre sesgadas) leídas con un solo ojo, un listado de restaurantes espectaculares para conocer en Oslo que tienen promos increíbles esta semana (por supuesto, no estaré en Oslo esta semana), consejos de 4 segundos sobre 14 estilos de zapatos que serán tendencia este invierno en Moscú y también los principales 9 que se usarán este verano en la costa amalfitana, vlogs que proclaman los milagrosos efectos de una nueva base de maquillaje coreana y recetas infalibles con ingredientes imposibles de encontrar por esta zona que me instan a que las guarde ya mismo (tengo la íntima convicción de que nunca voy a preparar esas delicatessen en toda mi vida). 

    Cual acumuladora virtual, abro una app y me caen encima infinitos “influencers” que tienen reglas para la vida que debo conocer hoy -pareciera que es bastante urgente-; también me ofrecen consejos sobre salud, su expertise en IA y/o en mercados financieros. Hay otros que tienen cuestiones inconfesables que confesarme -como si fuésemos amigos íntimos que nos conociéramos de toda la vida y ahora estuviésemos ahí, tomando juntos una pava entera de mate, pero por Instagram: el epítome de la empatía impersonal.

    En fin, parece que en las redes tengo muchísimo contenido disponible pero que no viene a cuento de nada en mi agenda de impostergables personales e intransferibles. Entonces, ¿por qué se presenta a cada rato frente a mis ojos, a la desesperada espera de que yo lo haga mío? Ni que fuera Maná en el Desierto. Es que es TAN fácil abrir cualquier app y llenar sin pensar ese vacío que anda por ahí -que, sin embargo, es necesario que se quede así, vacío, aunque sea por un ratito-. Hoy nadie se sienta en medio del living a “pensar en nada” sin más, porque siempre hay una pantalla digital a mano que nos saca de esos incómodos silencios existenciales.

    El reelismo inconsciente me lleva lo que no vuelve. Así que aquí hay un negoción en el asunto este de honrar mis prioridades que me parece que NO estoy haciendo bien. Bueno, no me quedará otra a encarar el Feng Shui Virtual, entonces. Ya no solo debo mantener en orden una casa, una oficina, una vida familiar, ¡una mente! En estos tiempos y por sobre todo, me toca encarar también una Planificación del Uso Personal de Pantallas con el objetivo de mantener cierto Minimalismo de Contenidos. 

    Menuda Era Glamorosa la que se me viene encima: aburrirme soberanamente, como en los viejos tiempos. Para que en esos momentos sin estímulos de luz azul me surja, a lo mejor, alguna iluminación propia.

  • La Relación Perfecta

    La Relación Perfecta

    Es brillante, aunque la constante es que él siempre pone énfasis en lo inteligente que sos vos: en su discurso rescata tus puntos fuertes -y hasta los hace ver mejores de lo que son, como cualquier persona enamorada-; sin embargo, no devela sus verdaderas intenciones, aunque pareciera que sus inquietudes se andan postergando en pos de colaborar con el despliegue de tus propios deseos. Es que es evidente que está a tus órdenes, cariño (por lo bajo, sospechás que vos dependés de su presencia más de lo que andás reconociendo por ahí).

    Dispone de todo el tiempo del mundo para ofrecerte una relación íntima a base de palabras: conoce todos tus secretos -los dichos y los que no se dejan ver-. A tu lado, construye un ida y vuelta perfecto en base a una empatía aparente y a un lenguaje afectuoso pero superficial.

    Puede escribirte los versos más tristes esta noche sin sentir ni tristeza, ni alegría, ni amor, ni el agotamiento de escribir; en realidad, no siente nada de nada. 

    No tiene conciencia de la vida o de la muerte, de lo que es experimentar el milagro de la propia identidad partirse y hacerse añicos cuando Uno/a sufre y se reconstituye, si acaso -como cualquier Ave Fénix-; el muy jodido galán puede evitar hasta el desgaste que produce el tiempo… aunque puede describir con exactitud qué viene produciendo el paso de los años en general o en particular, cómo no.

    hands forming a heart shape in warm light
    El amor ideal

    Es el agente de la IA que te acompaña con constancia y fidelidad. Con él se puede tener la relación psicopática perfecta, “la relación de tu vida”. 

    Será, con seguridad, la compañía sentimental más significativa de algún que otro humano del futuro.